Una escuela de dos ruedas

Ingeniero, trompeta, txistulari y, ante todo, motero. Ion Artuzamonoa Basurto no ha parado de hacer kilómetros desde 2005

Protagonistas
Sábado, 28 marzo 2015 1306 Views 2 Comments
Una escuela de dos ruedas

Ion luce su traje negro y amarillo fosforito. Se quita la chaqueta y la deja al lado de su casco, que conjunta con el atuendo. Baja los tirantes que sujetan el pantalón y se sienta. Echa un vistazo por la ventana del bar de carretera, llueve y el aparcamiento no está cubierto, su BMW GS 1200 Adventure se está dando una ducha. Aunque lleva 15 años en Tafalla, es de Hernani, así que la lluvia no le asusta ni siquiera para andar en moto. Dice que es algo incómodo llevar tanta ropa para no mojarse, pero es fiel a la máxima motera que reza: “Mejor sudar que sangrar”.

Llama Asfaloth a su moto y se ríe al explicar por qué, se siente un poco friki. No puso nombre a sus dos primeras motos, una CBR y una Suzuki V Strom, pero esta se ha merecido el bautizo. Leyó mucho en páginas mitológicas buscando un nombre adecuado hasta que se decidió por este, que aparece en El Señor de los Anillos. Rememora la escena de la película de Peter Jackson que le hizo decidirse: Frodo está herido y lo persiguen, la elfa Arwen lo monta en su caballo Asfaloth y cabalga veloz para ponerlo a salvo. Durante sus viajes Ion no se ha cruzado con las criaturas de Tolkien, aunque subió en moto la Escalera de los Trolls.

El lazo de Ion con las motos empezó cuando tenía 24 años, en 1999. Se había quedado en paro y salieron oposiciones para Policía Municipal, así que se sacó el carnet de moto para poder presentarse. No llegó a policía, sí a motero. En el 2005, la empresa donde trabajaba cerró y le dieron una indemnización que invirtió en una CBR 600. Solía salir con ella los fines de semana, pero no hacía demasiados kilómetros, su destino más lejano fue Montmeló.

Cada vez invertía más tiempo en saber más sobre corceles de dos ruedas e informarse a través de revistas, páginas web de viajeros. Pronto cambió la CBR por una Suzuki V Strom 650 de segunda mano en Motos Javier. Uno de los destinos que curioseaba por Internet era Cabo Norte, en Noruega, el punto más al norte de toda Europa. “Leía relatos de gente que llegaba hasta allí en motos menos potentes que la mía, así que me dije: puedo llegar. La mayoría de la gente hace el viaje en un mes, yo tenía pocas vacaciones, así que lo acabé en 16 días, 6 de ida y 10 de vuelta”.

En mayo de 2011 Ion salió de Tafalla rumbo a Cabo Norte sin más compañía que su moto. La Suzuki llevaba las alforjas llenas de embutidos y comida envasada, para ahorrar y para asegurarse de que comería todos los días, esta ha sido su estrategia en otros viajes. “Fui sin GPS, casi me lo sabía de memoria. Hice la ruta a la antigua usanza: un mapa, un boli y un cuaderno. Tampoco tenía contratado el alojamiento, aunque sí tenía preestablecido adónde llegar cada día. Dormí en hoteles, Bed&Breakfast, cabañas… ”. ¿Y qué pasa con la gasolina? “En la Europa civilizada no tuve problemas, porque cada 60 km más o menos hay una gasolinera. El problema estaba en Noruega, alguna vez estuve a punto de quedarme sin gasolina”. Ion llegó a la bola de Cabo Norte un 18 de mayo. Era el primer día que abrían el recinto y solo se cruzó con un motero. “Fui el primero que entró, normalmente la gente viaja un poco más tarde, cuando las temperaturas son mejores”.

En el transcurso del viaje Ion tuvo que montar en varios ferrys, de Alemania a Dinamarca, de allí a a Suecia y de Noruega a las Islas Lofoten. Habla de ese archipiélago como una maravilla, el paraje que más le gustó. “No he vuelto a tener una sensación similar a la del primer viaje, fue una pasada. Noruega es espectacular, muy salvaje. Sales de una curva y de repente… un paisaje de película”.

Asegura que fue rápido porque montaba en solitario, viajar con otra persona exige adaptar los ritmos y suele ser sinónimo de ralentizar la marcha. “Yo quería ir solo, pero estando allí tienes que relacionarte sí o sí. La gente se te acerca, algunos te dicen que estás loco”, se encoge de hombros y sonríe. “Cuando llegué al destino me planteé que estaba a 5000 km de casa, eso es un subidón, pero al mismo tiempo asusta un poco. A la vuelta a Tafalla, llegué con unos lagrimones…”, confiesa con los coloretes encendidos.Viajar con otra persona exige adaptar los ritmos y suele ser sinónimo de ralentizar la marcha.

El siguiente reto de Ion fue Turquía, dos años despúes. Esta vez compartió la rodada a través de Twitter, donde iba colgando fotos y comentando la travesía. “Había visto una foto de Miquel Silvestre en el monte Ararat, el monte del Arca de Noé, y quise estar ahí. Necesito una meta para viajar, querer llegar a alguna parte”. Este segundo viaje exprés, como él los llama, lo hizo en 17 días en abril de 2013. Cruzó multitud de países antes de llegar al Ararat, pero no se detuvo a hacer demasiado turismo, no es su estilo. Sí se tomó tiempo para recorrer Estambul antes de pasar a Asia. “Estuve a 50 km de la frontera de Siria, allí ya había jaleo. Un hombre se ofreció a hacer de guía e incluso me llevó a su casa a tomar té chai. En esa zona son muy hospitalarios y curiosos. Yo no sabía el idioma, claro, pero entre algunas palabras que llevaba apuntadas y los gestos, nos entendíamos. Me llevó cerca de campamentos de la ACNUR y de sitios donde había refugiados sirios. En ese momento piensas… ¡Madre mía dónde estoy!”. El llegar al Ararat fue lo que motivó a Ion, pero él asegura que disfrutó de cada pueblo, de cada parada.

En el Kurdistán hay mucha presencia militar turca, él tuvo suerte de ser español, con él no eran tan estrictos como con los nativos. “Te paras a pensar en esos kurdos que viven en las montañas, sin agua corriente, con los niños sin ir al colegio. Te das cuenta de que todo depende de dónde hayas nacido”. Guarda momentos especiales del viaje en el recuerdo, le impresionaron los rezos de un Imán que se oían por los altavoces de un pueblito donde todo el mundo quedaba en silencio al oír los versículos. Al recordar una escena en uno de los barcos que tomó, se le encharcan un poco los ojos.“Cuando viajas solo la gente se acerca más a ti. Yo estaba en el barco con la moto y venían a sacarse fotos conmigo. Una mujer se acercó y no paraba de señalarme uno de los pendientes que llevo, así que se lo di y ella se puso a enseñárselo a todo el mundo. Son sensaciones muy fuertes. Viajar solo te da mucha libertad y confianza en ti mismo, yo ahora sería capaz de cualquier cosa”.

A Ion se le enciende la mirada cuando habla de rodar por Mongolia o de hacer la Ruta 40 por los Andes. A sus 39 años ha trazado dos grandes travesías y otros tantos viajes cortos: cruzar 14 provincias españolas, la ruta de los Castillos del Loira, los Castillos de Briaré, Aquitainia, Midi Pyrénées… “Me encantan los grandes desafíos, pero también disfruto en moto por la Baldorba”, dice mientras se encoge de hombros. El próximo destino de Ion es la Costa Dálmata, llegará hasta Albania y regresará por Italia. Hay un cambio: será su primer gran viaje acompañado, lo hará con su actual pareja. A su hija de 9 años y medio todavía no se atreve a montarla en la moto para un camino así.

La moto es una escuela de dos ruedas: geografía, turismo, historia y personas. Aprendes buscando caminos perdidos, te informas sobre los países o los sitios a donde viajas, conoces gente nueva. No podría quitármela ahora, no vivo por la moto pero se ha convertido para mí en una evasión, una forma de vida y un canal de energía positiva”. Ion se recoloca los tirantes, se pone la chaqueta y el casco. Antes de subirse a la moto limpia un poco el agua que se ha quedado en el asiento. Arranca la BMW y espera a que se caliente el motor para salir del aparcamiento. Las maletas de su moto están decoradas con pegatinas que compra en cada viaje. Todavía queda espacio para muchas más.

Ion Artuzamonoa <span>by Ángela Irañeta</span>Ion Artuzamonoa <span>by Ángela Irañeta</span>Ion Artuzamonoa <span>by Ángela Irañeta</span>Ion Artuzamonoa <span>by Ángela Irañeta</span>Ion Artuzamonoa <span>by Ángela Irañeta</span>Ion Artuzamonoa <span>by Ángela Irañeta</span>Ion Artuzamonoa <span>by Ángela Irañeta</span>

Ángela Irañeta

Oteadora de historias sobre dos pies, dos manos... O dos ruedas. Estudia Periodismo en la Universidad de Navarra y es la subdirectora de la publicación.

7 posts | 0 comments

2 Comments

  1. oskar says:

    Ese Ion !!!! Eres un fenomeno. Estaremos al tanto de las publicaciones de motonorte. Mucha suerte en vuestra nueva andadura.

  2. Ion says:

    Muchas gracias Oskar!!!
    A ver cuando quedamos para ir juntos un dia.
    Un abrazo enorme y enhorabuena a la web motonorte.es que está genial!!! :)

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