Raúl Calvo: “Si te mentalizas de que lo vas a conseguir, lo haces, no hay que ser un superhombre”

Con temperaturas mínimas de -30°C y vientos de más de 80km/h, los navarros Raúl Calvo y Fernando Toha han sido los primeros españoles en llegar a Cabo Norte en moto en pleno invierno

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Sábado, 28 marzo 2015 1638 Views 0 Comments
Raúl Calvo: “Si te mentalizas de que lo vas a conseguir, lo haces, no hay que ser un superhombre”

La idea de hacer la ruta hasta Cabo Norte la tuvo Fernando Toha, que llevaba años queriendo hacerla, pero no se atrevía a ir solo. “Está ciego de un ojo y no encontraba a nadie que quisiera hacerla con él, le decíamos todos que estaba pirado”, comenta su compañero de travesía Raúl Calvo. Su mujer y él habían viajado ya hasta Cabo Norte, pero en verano, la ruta durante los meses de invierno no la había hecho nadie. Raúl explica que lo que le animó a acompañar a Fernando fue que su perro Thor falleció y se propuso hacer la ruta como un homenaje a él: “En realidad fue una cabezonería de los dos. Él quería ver si se podía llegar y yo rendirle homenaje al perro”.

Los preparativos de la ruta se alargaron cinco meses, desde octubre hasta el 15 de febrero que fue la salida. Raúl Calvo llevó la moto de su mujer, una Triumph Tiger de 800 cc y su compañero Fernando llevó una Yamaha Super Ténéré 1200. Raúl explica que “lo más importante era preparar la moto para circular por hielo y a temperaturas muy bajas”, para lo que preparó unas cadenas soldadas para la rueda trasera y unos esquís con unos amortiguadores de acero inoxidable. El objetivo era que en caso de accidente la moto quede apoyada sobre los esquís en vez de caer sobre el cuerpo del piloto. Como la distancia entre las rueda era pequeña, podría haber complicaciones con la nieve, de manera que Raúl preparó una pieza que elevaba el guardabarros y modificó las sujeciones de los latiguillos de freno. “Cubrimos todos los manguitos que refrigeran el motor, le pusimos unos forros para que el frío no congelara el anticongelante, aunque era especial para temperaturas muy bajas. También llevamos aceite, manoplas y calcetines eléctricos. Diseñé unos deflectores auxiliares de metacrilato para poder proteger el cuerpo, y en el radiador puse un sistema casero para taparlo si las temperaturas descendían, una especie de cortinilla enrollable para cubrirlo y que así la temperatura del motor fuese la adecuada”, explica Raúl Calvo.

También fabricó un tubo de canalización para llevar las cadenas y esquís cuando no fuesen necesarios. Fernando llevaba dos baterías, Raúl otra y, lo más importante de todo: las ruedas de clavos. Sin ellas es imposible llegar. Raúl explica que contactó con un finlandés que fue quien las preparó: “A la hora de elegir las ruedas me estuve planteando si comprar la rueda preparada con clavos o llevar a una normal a una tienda para que le pusieran los clavos. Finalmente decidí fiarme del finlandés, ellos están acostumbrados a hacer este tipo de ruedas”. Cuenta que si lo legal es que los clavos sobresalgan 2 mm de la rueda, los suyos lo hacían 5 o 6. Esas ruedas de clavos sólo las utiliza la policía porque en hielo agarran más, pero cuando la carretera está limpia es más conflictivo porque se circula tocando el asfalto sobre puntas de acero y casi no se agarra.

Los navarros llevaban clavos hasta en las botas porque en Escandinavia no quitan la nieve como se hace en España, que una vez que pasa la máquina toda la nieve desaparece y se puede ver el asfalto. Allí la máquina va prensando la nieve en lugar de quitarla y por eso es obligatorio circular con clavos.

En cuanto a la preparación personal, Raúl cuenta que no hace falta prepararse físicamente, sino que es todo psicológico: “Tienes que mentalizarte de que lo vas a conseguir. Si te mentalizas lo haces, no tienes que ser un superhombre”.

La primera parada que hicieron Raúl y Fernando fue antes de llegar a París, a casa de unos tíos de Fernando. Después fueron a Puttgarden, Alemania, donde cogieron un ferry de 40 minutos que cruza a una isla de Dinamarca. De ahí pasaron por el puente de Malmo y ya a partir de ese momento todo el trayecto fue por tierra. Obligatoriamente tenían que pasar por Lund, Suecia, porque ese era el punto de encuentro para recoger las ruedas de clavos que les había hecho el finlandés. Raúl cuenta que “al principio la conducción con clavos era un poco complicada porque la moto rebotaba, esto fue porque el taller que nos cambió las ruedas nos había puesto una presión de 2,9 kg. Con el manómetro y el compresor ajusté las presiones y la conducción se volvió más cómoda”.

El siguiente país que pisaron fue Finlandia donde, a diferencia de Suecia, cuyas carreteras principales estaban limpias, en Finlandia estaban completamente heladas. Los vehículos que circulan compactan la nieve y, para que tenga adherencia, pasan unas máquinas que hacen unos surcos como si fuesen carriles para tratar que el vehículo tenga algo de agarre con la nieve, ya que circulan a velocidades similares a las de España. Raúl recuerda que el último tramo hasta Cabo Norte fue complicado: “Queríamos ir desde Inari, Finlandia, hasta Honningsvag, en Noruega, en un solo día, que hay una distancia de 360 kilómetros, pero nos dijeron que debido al temporal no era posible hacerlo”. Allí se da un fenómeno extraño: cuando la temperatura ronda los -3°C las precipitaciones caen en forma de nieve, lo que crea una capa sobre el hielo haciendo que los clavos no sean efectivos. En esa zona las carreteras tienen unas barreras que cuando el temporal es fuerte las bajan para que no cruce nadie. También hay unos carteles que indican las horas a las que pasan los quitanieves, en esos momentos abren las barreras para circular y después se vuelve a cerrar el paso. Los túneles permanecen cerrados con unas puertas automáticas que se abren cuando detectan la moto muy cerca. Esto sirve para que no entre la nieve y para refugiarse.

Raúl recuerda que hubo dos momentos duros en los que estuvieron unos días parados debido al temporal. La primera vez fue a 130 km de Cabo Norte y la segunda en Honningsvag, a 30 km del destino: “Permanecimos tres días parados debido a la nieve, esperando una tregua del tiempo mientras los gastos, debido al alojamiento y a la comida, aumentaban”. Cuando estaban a punto de rendirse les comunicaron que al día siguiente podrían salir. Raúl cuenta que él se levantó antes que Fernando, fue hasta una de las barreras para hacer fotografías y cuando estaba allí los policías le dijeron que ya no podían pasar: “Nos rendimos y pusimos una pegatina para hacer una foto en el lugar dónde nos encontrábamos. Estábamos decididos a irnos”.

En cambio, al día siguiente de plantearse la vuelta a España pudieron recorrer esos 30 km que les separaba de Nordkapp. Raúl lo recuerda como el momento más emocionante del viaje y uno de los mejores sobre una moto: “Esa zona tiene una webcam y desde España toda la gente que nos estaba siguiendo por redes sociales celebró nuestra llegada. Facebook explotó. Aunque ya había estado allí en otras ocasiones esta vez fue diferente, cuando llegué levanté el collar de mi perro y me puse a llorar como un niño”.

A pesar de que los dos navarros han conseguido coronarse como los primeros españoles en llegar en moto hasta Cabo Norte, hubo imprevistos y dificultades durante el trayecto. Raúl iba siempre el primero y cuando estaban llegando al destino una oleada de viento le tiró de la moto y cayó en un terraplén. “Fue un susto, pero si llego a caer tres metros más adelante o más atrás, habría caído por el acantilado al mar”, recuerda Raúl Calvo. La moto quedó clavada en la nieve y no se veía. Con ayuda de una pala que llevaban hicieron camino y aprovecharon que pasó un coche, ataron unas correas y tiraron hasta sacarla.

Raúl, apasionado del motociclismo desde joven, ha recorrido, junto a su mujer, más de 30 países en moto como Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia, Hungría, República Checa, Marruecos…“La mejor forma de viajar y conocer sitios y personas, es viajar con la moto”.

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Alicia Labrador

Su gran pasión es viajar y conocer el mundo sobre dos ruedas. Le gusta la sensación de libertad, elegir las carreteras más largas, bonitas y solitarias para llegar a su destino. Por eso se pone el casco y los guantes y te cuenta las mejores rutas para disfrutar. La vida se ve mejor con el viento chocando en la cara.

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