La Vespa de Ander Izagirre respira vida

El periodista guipuzcoano nos cuenta sus aventuras en ‘Vespaña’, un viaje en moto por toda la península ibérica

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Sábado, 28 febrero 2015 918 Views 0 Comments
La Vespa de Ander Izagirre respira vida

“Me he salvado por la cara. Por mi cara acartonada tras seis días y 1.250 kilómetros de moto. Al despertarme he sentido los pómulos y la nariz quemados y los labios resecos, de manera que a los dos kilómetros se me ha ocurrido para en la farmacia de Vega de Espinareda”.

Ander Izagirre es un periodista todoterreno. Con polvo en los zapatos –así reza el título de su blog– acerca y cuenta las buenas historias. En este caso, el guipuzcoano relata en ‘Vespaña’ el viaje que le llevó por toda España con su Vespa en 2006, descubriendo lugares y rincones mágicos a lo largo y ancho de la Península. En el primer capítulo, ‘La Ley del Kilómetro Gallego’, Izagirre narra y describe con precisión cirujana, clara y concisa. Hace que el lector sienta sus personajes y sus paisajes como si los tuviera delante:

Manuel era un anciano menudo, de aspecto frágil, vestido con una chaqueta remendada demasiado grande, ceñida al cuerpo con un alambre a modo de cinturón, los codos deshilachados y los faldones salpicados de grasa. Lleva una boina polvorienta. Habla con un hilillo de voz, al respirar le silbaban los pulmones y miraba con los ojos de un zorro atrapado en el cepo. Y vivía solo en aquella choza en mitad del bosque, a dos horas de caminata de la Campa de Braña, de las personas más cercanas”.

Pero lo que narra este periodista en Vespaña es mucho más que un viaje en moto. Descubre lugares olvidados, de una España recóndita y desaparecida, pero a la vez, llena de vida y actividad, a pesar del paso de los años. Una visita por los pueblos míticos de Galicia, como Piornedo, Cabañinos o Vilarello, que todavía mantienen sus casas tradicionales, las pallozas. La sensación que transmite Ander es la de estar en otra época:

“Este pasillo de asfalto fue apenas un rasguño en la naturaleza abrumadora de Los Ancares pero supuso una mejora espectacular para la vida de los ancarinos. Después de Suárbol, último pueblo de León, llego a Piornedo, primero de Lugo, una aldea de 50 habitantes situada a 1.200 metros de altitud, en la morrena de una antigua y evidente cuenca glaciar. Para construir las casa, los vecinos aprovecharon los bloques de granito que hace milenios el hielo arrastró hasta aquí. Hasta los años setenta, de Piornedo solo se podía salir por una pista de tierra, a menudo congelada o embarrada”.

Por este recorrido a través de España, el periodista combina dos de sus pasiones. Una de ellas, sin duda, es su oficio de periodista; la otra, la de andar en moto. Y en esa moto se siente el aire fresco, el polvo que levanta a su paso y el vibrar del manillar:

“Nunca veré ese stop. Arranco la moto y a los cinco minutos ya estoy perdido en esta maraña endiablada de carreteras de apenas tres metros de ancho, que se dividen en carreteritas, que a su vez se dividen en más carreteruchas, pistas y caminejos, sin ninguna señal en los cruces […] Cuando llevo la moto a todo gas, el todoterreno entra en una curva y pega un frenazo brutal. Yo clavo los frenos, patino en la gravilla y me falta un metro para comerme el cartel de transporte escolar”.

Recorriendo esa España rural, profunda y llena de magia, casi se respira el ambiente que allí se vive, en pleno contacto con la naturaleza. Ander es la voz que une ese mundo antiguo con el mundo de las nuevas tecnologías, del avance y del progreso. Al fin y al cabo, el mundo actual, que poco o nada tiene que ver con el que refleja en aquellas tierras alejadas de la mano de Dios:

“Jaime abre la puerta y entramos en un espacio oscuro, fresco, abovedado y con un suelo mullido cubierto de paja. Las voces suenan acorchadas. Jaime enciende los pequeños focos eléctricos que iluminan el interior de la palloza y me muestra las estancias. A la izquierda de la entrada, en un rincón, un pequeño gallinero. Toda la parte trasera es un establo en el que se cobijaban una docena de vacas y unos cuantos cerdos. En la zona central, la cocina: una lumbre en un suelo de losas irregulares, las sartenes y los puchero colgando de una cadena vertical y dos bancos de madera puestos en ele para delimitar la zona. Y a la derecha de la entrada, la habitación del matrimonio, con una gran cama y retratos sepia de la pareja. Las estancias están separadas por unos tabiques de madera que no llegan a los dos metros”.

En ‘Vespaña’, el lector acompaña a Ander Izagirre en toda una aventura sobre dos ruedas. La moto de Ander respira vida por los cuatro costados. Esa Vespa se abre paso por enclaves y parajes muy alejados de la metrópoli, perdidos en medio del mundo, que siguen guardando la misma esencia de antaño. El lector va a tener la oportunidad de poder seguir a este periodista y adentrarse en la emocionante sensación de viajar en una moto igual de mítica que los lugares que pisa y recorre. Unas letras que despertarán el espíritu aventurero que cada uno guarda dentro para vivir, como Ander, una experiencia única y apasionante.

Juan Andrés Rubert Puchalt

Nunca le gustaron las motos. Pero sí hay algo que Juan Andrés Rubert comparte con el mundo motero: la pasión por hacer carretera y rodar miles y miles de kilómetros, ya sea en dos o cuatro ruedas. Ahí es donde ha descubierto las buenas historias, así como la camaradería y los fuertes lazos de unión entre moteros.

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