Jon Purroy: “Tendrías que vivirlo para sentirlo”

Jon Purroy, campeón navarro y de Zona Norte

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Sábado, 28 marzo 2015 1679 Views 0 Comments
Jon Purroy: “Tendrías que vivirlo para sentirlo”

Descubrió su pasión cuando era todavía un niño. “Tuve mi primera moto de velocidad, de gasolina, a los 5 años. Me la trajeron los Reyes. Era una motito de monte, la Happy Wheels, la conocía todo el mundo. Una moto de cross, la típica que había para críos”. Jon Purroy, piloto navarro y natural de Pamplona, recuerda hoy a sus 34 años el lugar en el que inició —junto a otros compañeros— su camino como motociclista: la carretera a Eugi, a la que solía ir con la moto cada fin de semana. Y en la que, uno de tantos, decidió probar suerte. Tras una conversación con uno de sus colegas, Jon se aventuró y viajó a Almería en donde experimentó, por vez primera, una carrera de tres horas de resistencia. Pero no fue lo que más le gustó.

Se forjó como piloto de motos en Eusa, un pueblo de 63 habitantes, a 9 kilómetros de Pamplona. En su parte más alta, yace la Iglesia de San Esteban de Eusa: una auténtica obra románica en el Valle de Ezcabarte. Junto a la iglesia, la casa de la madre de Jon, Milagros Pérez, una mujer de 67 años. Así rememora junto a su hijo uno de tantos recuerdos de infancia:

—¿Recuerdas cuándo me compraron mi primera moto?

—Sí, tenías 5 años.

—¿Y qué cara puse?

—Pues, es que no me acuerdo. De ilusión, pero cara de…

—De flipado.

—De flipado, eso. En vuestras palabras.

La moto con la que el pequeño Jon recorría el pueblo y sus montañas era una Yamaha PW de 50cc. Eusa ha sido su cuna, el lugar en el que pasó su infancia de aquí para allá, de monte en monte, junto a los otros niños del pueblo. “Antes era diferente, no como ahora que hay circuitos para los chicos, o para la gente joven, mini-motos —hace una breve pausa, y continúa diciendo— no sé, era especial, indescriptible. Eras un crío, y una moto era una cosa que veías como si fuese gigante. Además, se movía sola. La verdad que era una sensación muy chula. No sabría cómo explicarlo mejor en palabras”. Milagros cuenta que, cuando no era temporada de invierno, cuando Jon no estaba entre el frío y el colegio, no se bajaba de la moto.

Jon no sabía aún que el motociclismo se convertiría en una parte esencial de su vida. Era un crío y en eso no pensaba. Y, aunque entonces su ídolo era el piloto estadounidense Kevin Schwantz, su meta era estar en el pueblo y ganarle al vecino. Su primera moto de marchas tardó algún tiempo en llegar: una Honda CRM de 75cc. La recibió de manos de su madre a los 15 años, tras fallecer su padre y acabar el colegio. “De pequeño siempre le pedía a mis padres que me comprasen una moto más grande, pero no me la compraban. Y cuando la tuve, no llegaba ni al suelo. Era muy alta”. Una moto de monte, un poco más rápida y cilindrada que la anterior, pero en la que todavía no estaba en edad de correr.

Los años siguientes, fue madurando y junto a él lo hizo su afición por las motos: a los 18 años tuvo una Aprilia RS de 125cc, a los 20 una RS de 250cc, a los 21 una Yamaha R6 de 600cc, a los 22 una Honda CRB de 600cc, y a los 26 una Honda CRB de 1000cc. Con esta última debutó en la Copa de España de Resistencia, pero no se dejó seducir tan fácilmente. Su verdadera pasión, esa que le hacía vibrar desde niño, era la velocidad. “En el mundo de la moto, la manera de medirte es luchar contra alguien que corra igual que tú, y así saber si eres más rápido o más lento. La resistencia lo malo que tiene es que es una carrera de muchas horas, en la que no gana el mejor sino el que más aguanta. Por eso decidí que me gustan más las carreras de quince vueltas, en las que el que llega primero es el que gana”. La velocidad le desconecta de todo, y le trasmite sensaciones únicas.

El Campeonato Mundial de Motociclismo es la cita más importante a la que puede acudir un piloto de velocidad. Se divide en tres categorías: Moto GP, Moto2 y Moto3. Las motocicletas que disputan el gran premio son diseñadas y ensambladas especialmente para la ocasión. Este factor diferencia al evento de otros como el Campeonato Mundial de Superbikes en el que sí se utilizan motos derivadas de las de serie. Jon es piloto en la categoría superbikes, y el camino que ha tenido que recorrer para mantener viva su pasión ha sido largo, y a veces empedrado. “Las motos son carísimas, pueden llegar a costar 50.000 euros, preparadas a tope. Luego, cada carrera tiene un precio muy alto: telemétricos, mecánicos. Cuanto más quieras avanzar, más valdrá todo. Los primeros años sufrí un poco. Lo tenía que pagar todo yo”.

Navarra no es cuna de motociclismo, y hasta hace poco tiempo no contaba con un circuito. La afición por las motos está surgiendo a la par con el apoyo al deporte. El Circuito de Navarra, que se sitúa en las cercanías de Los Arcos, un pueblo de la Comunidad Foral que alberga a 1.214 habitantes, se inauguró en junio de 2010 y su construcción costó cerca de 50.000.000 de euros. Es hoy un espacio de ocio, lúdico y especializado para quienes hacen del motor “su pasión y profesión”. Cuenta con dos pistas con zonas rápidas, lentas y técnicas —una de 2,7 kilómetros, otra de 1,3 kilómetros— en cuyo asfalto se disputan carreras de primer nivel de automovilismo y motociclismo: Copa Mediterráneo, Campeonato Francés de Clásicas, Campeonato de España de Velocidad, entre otras. El circuito de velocidad es punto de encuentro en el nordeste del país para pilotos regionales, nacionales e internacionales.

Una de las cualidades de Jon como deportista es su persistencia, así lo expresa Olivia Zuazo, encargada del Club de Socios del Circuito de Navarra: “Es un piloto disciplinado, corre y ha vendido mucho. De todas las veces que ha corrido, casi siempre ha ganado. Hay otros pilotos que ganan y no se dan a conocer, él sí. Es majo, accesible. Si tiene que ayudar a gente que está empezando, lo hace. Está siempre dispuesto”. A los 27 años, Jon alcanzó el 3er puesto en la categoría stock extreme de la Copa Michelin con una Yamaha R1 de 1000cc. Iba liderando el campeonato, pero una caída no le permitió seguir adelante y el título se le escapó de las manos. Milagros cuenta que, aunque temió en momentos como este el que su hijo practicara un deporte de alto riesgo, nunca se opuso: “Era su afición, yo no me negué a que él la siguiera. A veces me daba miedo, pero tenía que apoyarle”.

Desde ese momento, pasarían algunos años hasta que pudiese empezar a cosechar el fruto de su dedicación y esfuerzo. No es hasta 2011 que Motos Javier y la BMW lo fichó como piloto satélite. La empresa se fijó en la consecución de sus objetivos como motociclista, y decidió conseguir el apoyo del fabricante para preparar un equipo con los mejores medios. Motos Javier afirma: “Es un piloto con muchas cualidades: constante en resultados y con un promedio de vuelta rápida bastante alto. A nivel navarro, hay pocos con sus atributos y buena imagen. Contaremos con él los años que siga corriendo”.

A sus 29 años, Jon se convirtió en campeón navarro y de Zona Norte con una BMW S1000rr de 1000cc. “La diferencia entre un piloto oficial y uno satélite es que los oficiales lo tienen todo. Son pilotos que únicamente se sientan y corren, con las mejores máquinas y los mejores medios económicos. Contra eso es casi imposible competir. Ellos se dedican exclusivamente a correr las motos. Para quienes tenemos que compartir la afición por el motor con el trabajo del día a día, es decir, para quienes tenemos que trabajar para poder correr, llegar a la élite es prácticamente imposible”. Y cuando de élite se trata, quizá uno de los primeros nombres que vienen en mente sea el del italiano Valentino Rossi. Un piloto que para Jon ha sido siempre el mejor de todos los tiempos, tanto dentro como fuera de la pista. Es curioso, pero la misma simpatía que admira Jon en Rossi, la posee él. Así aprecia Milagros el avance de su hijo como piloto: “Ha hecho mucho ejercicio, se le han fortalecido los músculos. Pero su carácter no ha cambiado, sigue siendo cariñoso y alegre”.

Lo que sí se puede decir que ha cambiado es la relación de Jon con las motos. Distraído con el trajín del día a día, le queda cada vez menos tiempo para disfrutar de su pasión. Aprovecha los fines de semana de entreno en la enduro, la supermotard o la de velocidad: la BMW S1000rr de 1000cc. Entre sus planes está “seguir metido en el mundillo de las motos” —que es lo que más le gusta—. Espera poder hacer carreras y ganar, porque cuando gana se siente fortalecido sobre la moto. “Tendrías que vivirlo para sentirlo”.

Andrea Cano

Hasta hace muy poco tiempo, el mundo de las motocicletas era algo desconocido para Andrea Cano Botero. Un mundo del que sabía muy poco: ruedas, cilindros y una coraza de metal. Motonorte.es ha despertado en ella una curiosidad que podría convertirse en pasión. Pasión por la velocidad y sus emociones fuertes.

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