A ritmo Vespa

José Antonio Fernández es el primer motorista que participa en la Fjordrally de Noruega en este tipo de moto

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Martes, 24 febrero 2015 2396 Views 0 Comments
A ritmo Vespa

8.000 kilómetros, 1.500 sobre carreteras completamente heladas y desafiando un termómetro que marcaba 40 grados bajo cero. El objetivo: la “Fjordrally” de Noruega. Y toda la aventura a lomos de una Vespa. José Antonio Fernández, director de la Asociación Antiguos Alumnos de la Universidad de Navarra, logró esta hazaña hace sólo un año. Pero no es la única con la que cuenta en su repertorio de historias sobre las dos ruedas. ¿Cómo se forjó este motero amante del terreno complicado?

Su pasión por la gasolina y las motos venían de serie. JAF, como le gusta que le llamen, tuvo como primera motocicleta una Mobyllete, regalo de sus padres. Luego vinieron una Puch Minicross de 49cc, una Puch Cobra de 125cc y una moto de trial. Pero cuando vino a Pamplona a estudiar, este orensano de 53 años tuvo que dejar de lado los caballos de dos ruedas.

Aun así, el tiempo no borró su afición por las motos. Por eso, fundó el Classic Motorcycles Alumni Chapter (CMAC) junto a tres compañeros hace tan sólo cuatro años. Un club que desde entonces no para de crecer. “Organizamos actividades de todo tipo ―explica JAF― desde salidas los fines de semana a viajes en verano pasando por concentraciones”. Uno de los recorridos más emblemáticos que han hecho tuvo como destino la bota europea. Y lo hizo, cómo no, en Vespa.

Fuimos un grupo de 10 o 12 desde aquí, todo por carreteras nacionales. A la ida decidimos ir por la costa y la vuelta, por los Alpes”, relata JAF. Ahí se les unieron unos amigos alemanes.  Pero él lo tiene claro: “Sobre todo disfrutamos los que fuimos en Vespa”.

Y eso que se la compró casi obligado. JAF también tiene una Harley y con ella se disponía a ir a la concentración Elefantes en Alemania, cuando un amigo suyo se lo desaconsejó. “Me dijo que la sal iba a destrozar todos los cromados de la Harley”. Enseguida pensó en una Vespa. ¿Por qué? Por su precio: buscaba una moto barata. Desde entonces, ha sido su inseparable compañera de viajes.

Es una moto que se maneja muy bien, y eso es fundamental si quieres conducir en invierno”, argumenta. Para esas condiciones, explica este motero, es necesario que sea una moto muy manejable: “Al ser automática no hace ningún extraño y puedes dejar de pensar en el embrague y el cambio. No hay trompicones y eso hace que vayas más seguro en terreno complicado”.

Pero más allá de lo técnico, el mundo Vespa le ha cautivado: “La verdad es que vas en esta moto y la gente te sonríe, quizá porque ha habido una en cada familia. Es especial”. Pero la filosofía va más allá. “Con una Vespa no tienes sólo una moto sino que entras a formar parte de una familia. Para mí esto es fundamental, supera a la máquina en sí”, explica.

Y su pasión por esta moto le ha llevado a coronarse como el primer piloto que llegó a la concentración extrema de “Fjordrally” de Noruega en Vespa.

Las condiciones del viaje requerían de una preparación tanto personal como de la propia moto. La sensación térmica alcanza los menos 65 grados”. ¿Cómo se prepara una vespita, como él la llama, para esta odisea? “Las ruedas tienen que llevar clavos, y es necesario un soplete para calentar el cárter por si se congela el aceite por la noche; además de un bidón extra de gasolina”, responde JAF, que reconoce que la mayor parte del material que llevaba era para su moto. “Este tipo de viajes son como el Camino de Santiago, te permiten darte cuenta de que necesitas poco para vivir”, añade.

La historia sorprende. Y si no, que se lo pregunten a una pareja de policías noruegos que, alucinaron literalmente, cuando al pararlo, JAF les dijo que venía desde España. La historia saltó incluso a la radio alemana.

Norway, land of Vespa (Fjordrally & Krystallrally) 2014 de jose antonio fernandez.

Y con esa filosofía ha emprendido viajes y ha llegado a todo tipo de concentraciones. “Ir en moto te permite mantener un contacto más directo con el medio. La Vespa es una moto que no corre pero llega. A ritmo Vespa puedes ver el paisaje y disfrutar mientras vas rodando”, explica.

Otra de las partes del viaje que más disfruta es la preparación, que es todo ilusión. Ahora, está organizando la transpirenáica. Aún así, quedan muchas en el cajón: la transamericana, Marruecos, ir a Cabo Norte y a Siberia en invierno…

Pero no hace falta irse tan lejos para disfrutar. “En esta zona, por ejemplo en Pamplona, tenemos la suerte de estar a medio minuto de la montaña y enseguida te encuentras rodeado de ríos y montañas”, comenta. Él recomienda al motero navarro moverse por las zona de Roncesvalles y llegar hasta San Juan de Luz.

La moto es un medio para descansar, para conocer amigos, para desestresarse, en fin, como cualquier afición”, concluye. Pero la suya es, también, un corcho donde colgar las pegatinas de todas las concentraciones y viajes que ha hecho. Y son muchas.

A ritmo Vespa <span>by Juan Andrés Rubert</span>A ritmo Vespa <span>by Cedida</span>A ritmo Vespa <span>by Cedida</span>A ritmo Vespa <span>by Cedida</span>A ritmo Vespa <span>by Cedida</span>A ritmo Vespa <span>by Cedida</span>A ritmo Vespa <span>by Cedida</span>A ritmo Vespa <span>by Cedida</span>A ritmo Vespa <span>by Juan Andrés Rubert</span>A ritmo Vespa <span>by Juan Andrés Rubert</span>A ritmo Vespa <span>by Juan Andrés Rubert</span>A ritmo Vespa <span>by Juan Andrés Rubert</span>

Sara Clau Bandrés

De pequeña odiaba las motos. Para ella, solo eran aquellas cosas que de marzo a octubre le impedían ver Los Simpsons los fines de semana. Su padre, el causante de tal despropósito no cedía, así que al final escogió al piloto que le pareció más simpático de la parrilla de MotoGP, Valentino Rossi, y le siguió. Del amor al odio hay un paso, y al revés, también.

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